A través de dinámicas prácticas, los participantes trabajan los aspectos psicológicos implicados en el trato con el cliente, y desarrollan habilidades clave para ofrecer un servicio de calidad y aprender a gestionar situaciones difíciles con seguridad y eficacia. La formación se adapta tanto a la atención presencial como telefónica, incorporando, además, un protocolo de homogeneización para asegurar una experiencia coherente y satisfactoria para el cliente.
Una de las señas de identidad del programa es el entrenamiento a través de situaciones simuladas e improvisadas, donde el formador adopta el rol de cliente. De este modo, se garantiza que los asistentes integren de forma práctica y realista los aprendizajes, asegurando su aplicación directa en el día a día profesional.